lunes, 6 de julio de 2015

MI AMIGO EL DUENDE

Jardín prohibido,
y lleno de misterio,
secuaz del duende,
que anoche cantó.

Amor según él busca,
detrás de mujeres,
me contó que cayó
borracho me dijo,
lo que nunca se atrevió,
sacó su botella,
algo raro guardaba,
dulce brebaje,
que mis miedos olvidaba.

El sombrero le apestaba,
sudado y cansado,
hablaba entre ironías,
la verdad que confesándola,
cobró razón y vida.

Era músico y cuentero,
de los antiguos certeros del norte,
aparecía con la luz,
moría con el día.
Vestido creía,
que las mujeres aceptarían,
darle tregua a la luna,
y a su estúpida canción.

Confundido llegaba,
después de cada desprecio,
lloraba en los escalones,
y volvía con el brebaje,
a esperanzas de tocar,
de nuevo a mi puerta.


El duende perdió la cuenta,
se hizo adicto a la noche,
imaginaba la casa,
dejando monedas,
lustró mis zapatos, como símbolo de gratitud,
pequeño y casi soñador,
mi amigo el duende partió,
sumergiéndose en el mercurio,
muriéndose en el adiós del para siempre.

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